Deuteronomio

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Deuteronomio

El Pentateuco ha sido atribuido tradicionalmente al patriarca Moisés. El Deuteronomio es, en consecuencia, el discurso con el cual el legislador se
despide de su pueblo en los llanos de Moab (Deut. 1:5).

 

CAPITULOS BIBLICOS DEL LIBRO DE DEUTERONOMIO

Libro de DeuteronomioLibro de DeuteronomioLibro de Deuteronomio
Capitulo 1
Capitulo 13
Capitulo 25
Capitulo 2
Capitulo 14
Capitulo 26
Capitulo 3
Capitulo 15
Capitulo 27
Capitulo 4
Capitulo 16
Capitulo 28
Capitulo 5
Capitulo 17
Capitulo 29
Capitulo 6
Capitulo 18
Capitulo 30
Capitulo 7
Capitulo 19
Capitulo 31
Capitulo 8
Capitulo 20
Capitulo 32
Capitulo 9
Capitulo 21
Capitulo 33
Capitulo 10
Capitulo 22
Capitulo 34
Capitulo 11
Capitulo 23

Capitulo 12
Capitulo 24

Deuteronomio

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¿De que trata el libro de Deuteronomio?

Estos sermones se produjeron durante el período de los 40 días previos a la entrada de Israel a la Tierra Prometida. El primer sermón fue pronunciado en el primer día del onceavo mes, y los israelitas cruzaron el Jordán 70 días después, en el día décimo del primer mes (Josué 4:19). Restando los 30 días de duelo después de la muerte de Moisés, (Deuteronomio 34:8), tenemos los restantes 40 días. El año era el 1410 a.C. Una nueva generación de israelitas estaba por entrar a la Tierra Prometida. Esta multitud no había experimentado el milagro del Mar Rojo o escuchado la ley dada en el Sinaí, y ellos estaban a punto de entrar a una nueva tierra que ofrecía muchos peligros y tentaciones. El libro de Deuteronomio les fue dado para recordarles la ley y el poder de Dios.

DEUTERONOMIO es una palabra de origen griego, que significa “segunda ley”. Tal designación expresa sólo en parte el contenido del quinto libro del
Pentateuco, ya que este, más que un código de leyes en sentido estricto, es una larga y vibrante exhortación destinada a “recordar” a Israel el sentido y
las exigencias de la Alianza. De allí que las prescripciones concretas estén siempre acompañadas de advertencias y reproches, de promesas y amenazas.

 

El Deuteronomio está estructurado como una serie de discursos dirigidos por Moisés a los israelitas antes de su entrada en Canaán. Esta forma literaria se explica por las circunstancias que dieron origen a la composición del Libro. Desde tiempos muy antiguos, los sacerdotes levíticos prolongaron la actividad de Moisés, proclamando solemnemente en las celebraciones litúrgicas la Alianza del Señor con su Pueblo elegido. En estas celebraciones, ellos no se limitaban a repetir una Ley fijada para siempre, sino que la completaban y actualizaban, a fin de responder a nuevas situaciones y necesidades. Así las leyes contenidas en los códigos tradicionales de Israel se vieron enriquecidas con elementos originales de importancia, que luego quedaron consignados en la legislación deuteronómica. Entre estos aportes merecen especial atención la ley sobre la unidad del Santuario, los criterios para discernir a los auténticos profetas y las severas prescripciones contra la idolatría. Todo esto estaba destinado a contrarrestar el pernicioso influjo que la religión de Baal y los cultos cananeos ejercían sobre la fe de Israel.

La composición del Deuteronomio atravesó por diversas etapas. Su redacción primitiva puede situarse en el siglo VIII a.C., en los ambientes levíticos del reino del Norte. Después de la destrucción de Samaría, estos grupos se refugiaron en Judá y el Libro quedó depositado en los archivos del Templo de Jerusalén. En el año 622 a.C., el rey Josías mandó reparar el Templo, y allí se encontró un “libro de la Alianza” (2 Rey. 23.2), que fue leído en
presencia del rey y dio un nuevo impulso a la reforma religiosa iniciada por él. Este “libro de la Alianza” era sin duda el Deuteronomio, aunque en una
forma más breve que la actual. A partir de ese momento, la legislación deuteronómica se convirtió en objeto de asidua meditación y proporcionó un criterio de primer orden para interpretar toda la historia de Israel. Posteriormente, la obra original fue completada y enriquecida con nuevos aportes, hasta que pasó a formar parte del Pentateuco.

 

Entre todos los escritos del Antiguo Testamento, el Deuteronomio se destaca por su estilo peculiar. Su lenguaje es solemne, pero al mismo tiempo directo, cálido y preocupado por suscitar una incondicional fidelidad al Señor. Es un estilo que quiere hablar sobre todo al corazón. La repetición incansable de ciertas palabras y giros confiere a toda la obra una notable fuerza persuasiva. El paso frecuente del “tú” al “ustedes” es otra característica del estilo deuteronómico. Esta alternancia es un procedimiento oratorio para interpelar a los oyentes: el “tú” apunta menos a los individuos en particular que a la conciencia de la comunidad, en la que cada uno debe verse representado y medir su propia responsabilidad.

El Deuteronomio traza para Israel un programa de vida, inspirado en la predicación de los Profetas, en los escritos sapienciales y en las tradiciones
históricas del Pentateuco, desde los tiempos patriarcales hasta la entrada en la Tierra prometida. El Dios que aquí se manifiesta no es una divinidad fría y distante, sino el Dios misericordioso que está cerca de su Pueblo y le revela su Ley, porque lo ama y espera ser amado con la misma intensidad. De esa manera, el Deuteronomio marca un jalón decisivo en el camino hacia la revelación definitiva de Dios en el Nuevo Testamento, donde el Apóstol san Juan afirma: “Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él” (1 Jn. 4. 16).

Antiguo Testamento

 

   
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ExodoEsdrasOseas
LeviticoNehemiasJoel
NumerosEsterAmos
DeuteronomioJobAbdias
JosueSalmosJonas
JuecesProverbios
Miqueas
RutEclesiastesNahum
1 SamuelCantaresHabacuc
2 SamuelIsaiasSofonias
1 ReyesJeremiasHageo
2 ReyesLamentacionesZacarias
1 CronicasEzequielMalaquias

 

Nuevo Testamento

 

   
MateoEfesiosHebreos
MarcosFilipensesSantiago
LucasColosenses1 Pedro
Juan1 Tesalonicenses2 Pedro
Hechos2 Tesalonicenses1 Juan
Romanos1 Timoteo2 Juan
1 Corintios2 Timoteo3 Juan
2 CorintiosTitoJudas
GalatasFilemonApocalipsis