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ENCANTAMIENTO

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ENCANTAMIENTO

Encantador, de «chabar», «unir juntamente, fascinar».
Se asocia con otro termino, «lachash», «hablar de una manera suave y gentil», y se aplica despues al encantamiento de las serpientes (Sal. 58:5). Similarmente el hombre es engañado y baja la

guardia de su aversion a relacionarse con los espiritus malignos, hasta llegar a verse bajo su influencia.
En Is. 19:3, otro termino, «ittim», se traduce
«evocador» con un sentido similar, como aquel que da un suave sonido en los encantamientos de los hechiceros.

Del lat. «in», y «caro», «carne»: el hecho de asumir un cuerpo de carne; el acto por el que el Hijo de Dios se revistio voluntariamente de un cuerno humano y de la naturaleza humana.
La encarnacion de Jesucristo es el punto culminante de las revelaciones y manifestaciones procedentes de Dios en el mundo sensible. Por su misma esencia de amor, Dios no quiso quedarse aislado. Quiso manifestarse y, finalmente, encarnarse. Es asi que inicialmente creo a los angeles y a las criaturas celestes, esto es, a los espiritus servidores (He. 1:14); con ellos, al universo sensible que exalta su gloria a los ojos de las criaturas celestes (Sal. 19:1). La materia no es enemiga de Dios, sino un instrumento del que Dios se sirve para manifestar su poder y gloria. Este testimonio del poder divino es de tal claridad, a pesar del desorden que Satanas ha introducido en el mundo fisico, que son inexcusables aquellos que rehusan considerarlo (Ro. 1:20; cp. Hch. 14:17).
Mas aun que los cielos estrellados y que las estaciones, mas aun que la creacion natural, el hombre, creado «a imagen de Dios» (Gn. 1:26, 27) tenia que manifestar en la carne la gloria de su Creador: el amor, la rectitud, la inteligencia, el orden, todo ello caracteristicas esenciales de la divinidad. Sabemos como fue violado este plan divino en el Eden, donde el hombre fue seducido por el enemigo del Señor, y vino a quedar bajo el poder de Satanas y llego a ser hijo del Diablo (1 Jn. 3:10). Entonces, Dios empezo a manifestarse en hombres-testigos, como p. ej., Enoc, que anduvo con Dios (Jud. 14), Noe el justo (Gn. 7:1), Abraham, el amigo de Dios. A traves de ellos, Dios revelo su voluntad. Despues vino el testimonio colectivo: Israel, que seria el testigo de Dios a las naciones.
Dios se manifesto de otra manera, en la Biblia. Se puede llegar a decir, en palabras de Adolphe Monod, que la Escritura (AT y NT) es como «una encarnacion espiritual». Es a traves del mensaje de los escritores inspirados (profetas y pastores),

instrumentos escogidos de su revelacion y vehiculos de su pensamiento, que Dios ha hablado a los hombres.
Sin embargo, a pesar de todos los medios usados, persistia una gran separacion entre el Creador y la criatura. Dios habia actuado, hablado, pero no habia venido aun personalmente a obrar la salvacion, y a restaurar el contacto personal roto en el Eden. Isaias, el gran profeta, expresa la suplica de toda la humanidad sufriente al clamar:
«¡Oh, si rompieses los cielos, y descendieras…!» (Is. 63:19). Tambien da la maravillosa promesa:
«Esforzaos, no temais; he aqui que vuestro Dios
……; Dios mismo vendra, y os salvara» (Is. 35:4). Ciertamente, Dios se habia aparecido en teofanias (vease), las apariciones del Señor a los patriarcas y al pueblo de Israel (Gn. 18:1; 32:28-30; ex. 3:2-7;
19:20; 24:10; 33:11, etc.). Pero estas solamente tenian un caracter excepcional y pasajero. El Plan de la salvacion conducia inevitablemente a la encarnacion, a la venida de Dios en carne, en Jesucristo.
Segun el AT, el Mesias debia ser el mismo Jehova, el Hijo de Dios unico capaz de salvar (Sal. 2; 45:7-8; 110; Is .7:14; 9:5; 35:4; 40:9-11; Jer.
23:5-6; Mi. 5:1; Zac. 12:1, 10; 14:3-5). Por otra
parte, este Mesias seria descendencia de la mujer, de la descendencia de Abraham, de Juda, y de David (Gn. 3:15; 22:18; 49:10; 2 S. 7:12-16);
vendria a ser varon de dolores, y deberia ofrecer su vida en la cruz en sacrificio por el pecado (Is. 53; Sal. 22:1-22; 40:7-9). ¿Como pueden ser posibles estas dos cosas?
El NT da una luminosa explicacion: «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habito entre nosotros… lleno de gracia y de verdad» (Jn. 1:14). «Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros dias nos ha hablado por el Hijo» (He. 1:1, 2). Es tan solo esta manifestacion la que puede apagar la sed del hombre: sed de volver a la relacion con su Creador, de recibir la certidumbre de su amor total y de su salvacion eterna. «Es preciso vivir sin religion, sin Dios en el mundo y sin esperanza, o recibir el misterio de la encarnacion» (Vinet).
Cuando se cumplio el tiempo, Dios envio a Jesucristo al mundo. El Cristo, segunda Persona de la Trinidad, es Dios. «En el habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad… todo fue creado por medio de el y para el» (Col. 1:16; 2:9; cp. 1 Jn. 1:1-18). Es el «cordero sin mancha y sin contaminacion, ya destinado desde antes de la fundacion del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos» (1 P. 1:20). «el es la imagen

del Dios invisible, el primogenito de toda creacion. Porque en el fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra… Y el es antes de todas las cosas, y todas las cosas en el subsisten» (Col. 1:15-17). Es el Hijo, a quien Dios «constituyo heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (sostiene) todas las cosas con la palabra de su poder» (He. 1:1-3). Jesus dijo de si mismo: «Antes que Abraham fuese, yo soy» (Jn. 8:58).
Al mismo tiempo el Salvador es verdaderamente hombre semejante a nosotros en todo a excepcion del pecado (He. 2:17; 4:15) si el es el eterno Cristo, es tambien Jesus de Nazaret, Aquel que es nombrado en los Evangelios mas de 80 veces como «el Hijo del hombre» Jesucristo. De el pudo decir Juan el Bautista: «Despues de mi viene un varon el cual es antes de mi porque era primero que yo… Y yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios» (Jn. 1:30-34). Pablo habla de Aquel que, nacido de Israel segun la carne, es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos (Ro. 9:5 cp Ro. 1:3-4)
Como tuviera lugar la encarnacion y como las dos naturalezas, la divina y la humana, se unieron en la sola persona de Jesucristo, es un misterio que nos sobrepasa. Sin explicarnos este misterio, la Escritura nos afirma simplemente el hecho del nacimiento milagroso. Nacido del Espiritu Santo y de la virgen Maria (Mt. 1:20-25; Lc. 1:31-35), el Señor es perfectamente hombre y perfectamente Dios: hombre, para ser solidario con nuestra raza y para representarnos ante el Padre, como nuestro goel (vease); Dios, para quitar nuestros pecados y para crear en nuestro favor una nueva humanidad. A los que afirman no poder aceptar una doctrina tan inexplicable se les puede preguntar como explican ellos la union en el hombre del cuerpo y del espiritu. ¿Donde esta su nexo comun? ¿Donde exactamente termina lo uno y comienza lo otro? este es el misterio de la vida, que constatamos sin poder explicar, de manera similar a la union de las dos naturalezas en Cristo. En los evangelios, el Cristo afirma serenamente las ultimas consecuencias del hecho de la encarnacion: «El que me ha visto a Mi ha visto al Padre» (Jn. 14:9).
«Yo y el Padre uno somos» (Jn. 10:30). Los judios que le comprendieron perfectamente tomaron piedras para lapidarlo, porque tu, siendo hombre, te haces Dios» (Jn. 10:33).
Los ataques contra la doctrina de la encarnacion han sido numerosos desde los primeros siglos.

Los gnosticos negaban su realidad y la reducian a una mera apariencia (docetismo).
Los arrianos rechazaban la divinidad de Cristo, no viendo en el mas que una criatura.
En nuestra epoca la concepcion liberal o racionalista sigue esta linea, pretendiendo que Jesus fue simplemente un hombre, hijo de Jose. Juan se enfrento solemnemente a tal negacion (1 Jn. 4:2-3; 2 Jn. 7-11), denunciando que procede del espiritu del Anticristo.
La importancia de la encarnacion es ciertamente fundamental. Por si sola, da cuenta de la divinidad esencial del Cristo, que comporta su eternidad, su perfecta santidad, sus milagros, su poder, sus demandas absolutas. Al mismo tiempo, explica los hechos que, en vista de todo lo anterior, parecerian contradictorios: Su humillacion, sus limitaciones humanas, sus sufrimientos, su agonia. Porque es evidente que si el «participo de carne y sangre» lo hizo a fin de poder morir por nosotros (He. 2:14). El proposito de la encarnacion, asi, no era solamente el de venir a hablarnos y a revelarnos a Dios, sino sobre todo el de dar paso a la cruz. Aquel que era «en forma de Dios» se despojo a Si mismo; aparecio como un simple hombre, y se hizo obediente hasta la muerte de la cruz (Fil. 2:6- 11). Dios, con su absoluta perfeccion moral, no podia hacer otra cosa que juzgarnos; y el descendio en la persona de Cristo para ofrecerse para nuestra salvacion. «Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo… Al que no conocio pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuesemos hechos justicia de Dios en el» (2 Co. 5:19, 21).
Por una gracia incomprensible al volver a tomar su lugar a la diestra del Padre, el Cristo resucitado conserva la marca de su encarnacion. Es el glorificado Hijo del hombre que se mostro a Juan (Ap. 1:12-18); y como tal aparecera en las nubes del cielo (Dn. 7:13-14; Mt. 16:27; 24:30; Ap. 1:7);
y es con las marcas de sus sufrimientos y muerte que sera eternamente adorado en el cielo (Ap. 5:6- 14). Si, grande es el misterio de la piedad: «Aquel que fue manifestado en carne… creido en el mundo, ascendido a la gloria» (1 Ti. 3:16).