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DIOS

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(a) La revelacion de Dios.
Ya a partir de su primer renglon, la Biblia habla de Dios (Gn. 1:1). De un extremo al otro, se presenta como la revelacion que el ha dado de Si mismo,

revelacion sin la cual nosotros no sabriamos nada suficiente acerca de el.
Es cierto que antes de revelarse mediante la palabra escrita, Dios se manifestaba por la obra de la creacion. esta muestra la gloria, poder y deidad del Creador (Sal. 19:1; Ro. 1:20). Tambien aquellos que no poseen las Escrituras son culpables de no buscar a Dios, de no glorificarle, y de no darle gracias (Hch. 17:27; Ro. 1:20). Pero en ningun pasaje leemos que nadie entre los hombres llegue a conocer a Dios de una manera concreta mediante la contemplacion de la naturaleza.
Lo mismo se puede decir acerca de la conciencia. Los hombres poseen una cierta nocion de la voluntad de Dios (Ro. 2:15). De ello es que subsista un minimo de moralidad en la sociedad humana y que los magistrados sean, a su manera, servidores de Dios (Ro. 13:4). Pero ello no impide que los paganos ignoren las ordenanzas divinas (Sal. 147:20). Como el hombre pecador no busca a Dios (Sal. 14:2; Ro. 3:11), hace falta entonces una revelacion especial en la que Dios toma la iniciativa para que el hombre pueda llegar a conocerle.
Asi, se revelo a los primeros miembros de la humanidad, Adan, Abel, Cain, Noe. Pero los recuerdos de esta revelacion primitiva quedaron rapidamente oscurecidos. Se pudiera pensar que Job y sus amigos, no pertenecientes al pueblo elegido, todavia fueron beneficiarios y depositarios de aquel conocimiento anterior de Dios. Pero los mismos antepasados de Abraham estaban apartados de Dios (Jos. 24:2). Asimismo, las naciones en general son presentadas como alejadas de Dios (Ef. 2:12). En particular, las pretensiones de los filosofos son rechazadas con energia: el mundo, con su sabiduria, no conocio a Dios (1 Co. 1:21).
Como consecuencia, Dios se revelo, primeramente de una manera directa, a Abraham, Isaac y Jacob, despues con la mediacion de los profetas, desde Moises hasta Malaquias. Sus escritos son palabra de Dios (Dt. 18:18, 19), una palabra viva (Hch. 7:38). La revelacion culmina en la encarnacion, ya prevista y saludada desde antes por los creyentes del AT y del NT (Jn. 20:30; Ro. 16:26). El resultado es que en tanto que esperamos aquel dia en que el Señor, a Su vuelta, nos llevara a la gloria, donde conoceremos como somos conocidos (1 Co. 13:12), no tenemos otra fuente valida de informacion acerca de Dios que la Biblia.
Para que podamos llegar a beneficiamos de la revelacion de las Escrituras hace falta, por otra

parte, la accion interior del Espiritu Santo. Vista nuestra naturaleza pecadora, somos impermeables a la verdad, incluso cuando nos es presentada en todo su esplendor. Hay una total incompatibilidad entre la manera de pensar de Dios y la de los hombres (Is. 55:8, 9; 1 Co. 2:14). Es preciso que mediante el Espiritu, el Padre nos ilumine con la verdad, y nos disponga para aceptarla (Mt. 16:17; Jn. 6:45; 1 Co. 2:10; Ef. 1:17, 18).
Esta revelacion no comporta ninguna imperfeccion. Se puede admitir una cierta gradacion entre la palabra transmitida por los profetas y la del Hijo (He. 1:1). Pero como el mismo Hijo puso Su sello sin reservas de ningun tipo sobre los escritos del AT (Mt. 5:17), no debemos tampoco nosotros presentar ninguna de nuestra parte.
A proposito de esta revelacion se puede hacer la siguiente observacion: Al decirse: «Oisteis que fue dicho a los antiguos, mas yo os digo» (Mt. 5:21, 22, etc.), segun los mas acreditados exegetas, Jesus no hablaba aqui del texto del AT, sino solamente de las interpretaciones tendenciosas por las que los judios trataban de restringir su alcance (cp. Mt. 15:3-6). Incluso si se quiere interpretar de otro modo los pasajes del sermon del monte, no se puede por ello llegar a la conclusion de que la revelacion antigua fuera erronea: lo mas que se podria decir es que no habia sido dada todavia en su plenitud (cp. Mt. 19:8).

(b) La unidad de Dios.
De principio, Dios aparece como unico. Si se emplea la misma palabra en el AT y en el NT para designar a Jehova y a los falsos dioses, se da por supuesto que jamas los autores sagrados atribuyen a los segundos existencia real. Se trata de vanidades (Sal. 115:8; Is. 44:9; 1 Co. 8:4-6). Con frecuencia se puede ver detras de ellos a los demonios, inspiradores de idolatria, mediante la cual se hacen dar a si mismos la honra, en lugar de a Dios (1 Co. 10:19, 20).
Con toda certeza, Jehova es el Dios de Israel; pero este vinculo no tiene nada de comun con las limitaciones que imaginaban los paganos. Para ellos, cada divinidad tenia sus circunscripciones, con fronteras bien delimitadas, fuera de las cuales otras divinidades ejercian su poder. Nada de esta concepcion se halla en los autores sagrados. Jehova es el Dios de los israelitas por Su eleccion. En Su soberania se quiso revelar a ellos (Dt. 4:33- 36). Concluyo una alianza con ellos, y los eligio para que fueran Sus testigos. Esto no significa en absoluto que Su autoridad quede confiada a los

que formaban parte de esta nacion. el es el Señor de todas las naciones (Sal. 82:8; 72:11, 17, etc.).
En el seno del pueblo de Israel hubo ciertamente los que atribuian una cierta realidad a los falsos dioses hasta el punto de rendirles culto. Incluso dentro de la Iglesia primitiva los habia que no estaban del todo convencidos de la vanidad de los idolos (1 Co. 8:7). Pero esta tendencia no aparecio jamas entre los instrumentos de la revelacion. Todo lo que se oye acerca del desarrollo progresivo del monoteismo en el AT proviene de una interpretacion inexacta de los textos. Desde la primera linea de Genesis, Dios es uno, Creador de todo el universo. Los Diez Mandamientos, cuya antigüedad es irrebatible, comienzan con la exclusion de toda falsa deidad (ex. 20:3). La confesion de fe de Israel se halla en Dt. 6:4. Las afirmaciones de Is. 40-48 son insuperables en su vigor monoteista, pero no aportan nada que sea fundamentalmente inedito con respecto a los textos mas antiguos.

(c) La Trinidad.
La unidad de Dios no excluye en absoluto la distincion entre las Personas de la divinidad. Ya el AT deja entrever esta distincion, aunque ciertamente de una manera velada, ya que era sobre todo la unidad de Dios lo que debia ser destacado frente al politeismo ambiental. Incluso si no se quiere tener en cuenta la forma plural
«Elohim» unida a un verbo en singular, debido a que este hecho recibe varias interpretaciones, hay textos en los que el nombre de Dios es aplicable por adelantado al Mesias (Sal. 45:7-8; Is. 9:5); tambien, siendo que el nombre de «Señor» equivale al nombre inefable de Jehova, se ha de considerar el Sal. 11:1. Con Jehova se asocia un Hijo (2 S. 7:14; Pr. 30:4; cp. Sal. 2:12). El pasaje acerca de la Sabiduria en Proverbios (Pr. 8) nos la presenta como un ser personal, y no como una abstraccion, hasta tal punto que, desde el mismo marco de referencia del judaismo, sus filosofos llegaron a la conclusion de la existencia de un mediador, el Logos, entre Dios y el mundo.
El Espiritu de Dios es igualmente mencionado con frecuencia en el AT, y ello en terminos que implican a la vez Su existencia propia y su unidad sustancial con Dios (Gn. 1:2; Sal. 51:13; 2 S. 23:1). Al llegar al NT hallamos alli la doctrina de la Trinidad netamente formulada, aun cuando no se emplee este termino.
De entrada, el NT es tan formal como el AT al afirmar la unidad de Dios (Mr. 12:29; Stg. 2:19). La divinidad del Hijo y del Espiritu Santo no contradice en nada este hecho. Pablo opone el solo

Dios y Padre y el solo Señor Jesucristo a la multiplicidad de las divinidades y de los señorios del paganismo (1 Co. 8:5, 6).
Asi, en el seno de la esencia divina unica se pueden distinguir tres Personas que reciben igualmente el nombre de Dios, que en el seno de la Deidad mantienen unas relaciones a nivel interpersonal. Seria prolijo enumerar todos los pasajes donde este nombre se aplica al Padre. (He aqui unos como ejemplo: Jn. 20:17; 1 Ts. 1:1; 1 P.
1:2; Stg. 1:27; Jud. 1).
El Hijo es llamado Dios por el apostol Juan (Jn. 1:1; 1 Jn. 5:20), por el apostol Pedro (2 P. 1:1), por el apostol Pablo (Tit. 2:13; Ro. 9:5), por el autor de la epistola a los Hebreos (He. 1:8). El texto mas contundente es aquel en el que el mismo Jesus acepta que se le llame asi (Jn. 20:28).
En cuanto al Espiritu Santo, es evidente en base a Hch. 5:3,4 que mentirle a el es lo mismo que mentir a Dios. Ello es debido a que se trata de Dios. Su Personalidad queda tambien evidenciada por cuanto tiene voluntad (He.2:4); se comunica (He.9:8); conduce a los Suyos (Ga.5:18); justifica (1Co.6:11); enseña (1Co.2:13); y da testimonio (Ro.8:16), aparte de muchas otras actividades, de las que se mencionan varias principales en Jn.14,15 y 16.
Las tres Personas de la Trinidad son mencionadas juntas en la formula bautismal (Mt. 28:19) y en la bendicion apostolica (2 Co. 13:13); tambien en 1 Co. 12:4, 6 y en Ef. 4:4-6, de manera que queda implicada su distincion. Esta distincion queda ademas posiblemente destacada aun mas claramente en los pasajes en los que las tres Personas aparecen con funciones distintas: Por ejemplo, en el bautismo de Jesus, el Padre da testimonio del Hijo, sobre quien desciende el Espiritu Santo (Mt. 3:16, 17); a su muerte, el Hijo se ofrece al Padre por el Espiritu (He. 9:14); en Pentecostes, el Padre envia el Espiritu Santo en nombre del Hijo, y el Hijo lo envia de parte del Padre (Jn. 14:26; 15:26).
En nuestra experiencia de la salvacion, la distincion entre las Personas se nos hace clara. Somos salvados segun la presciencia de Dios Padre. Es el Hijo quien se ofrecio en sacrificio para la redencion. Es el Espiritu Santo quien aplica las bendiciones (1 P. 1:2). Pero esta distincion no esta limitada a la administracion de la salvacion, sino que existe desde toda la eternidad en el seno de la esencia divina (Jn. 17:5).
Para acabar de precisar esta doctrina, debemos mencionar los textos que destacan la unidad entre las tres Personas; el primer libro en antigüedad del

NT, la 1. Epistola a los Tesalonicenses, presenta al Padre y al Hijo de tal manera unidos, que el verbo que denota la accion de ellos esta en singular, lo que es tan contrario a todas las leyes de la gramatica griega como pueda serlo a las de la gramatica de la lengua castellana. «Mas el Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor Jesucristo, dirija (sic) nuestro camino» (1 Ts. 3 11). Jesus dijo de una manera explicita: «Yo y el Padre somos una sola cosa» (Jn. 10:30). Por su parte el Espiritu Santo esta tan estrechamente unido al Padre y al Hijo que por Su venida al corazon del creyente tambien el Padre y el Hijo vienen a morar alli (Jn. 14:17, 23). La subordinacion del Hijo al Padre y la del Espiritu Santo al Padre y al Hijo no implican diferencia alguna de esencia entre las tres Personas.
Para hacer comprender el misterio de la Trinidad, en ocasiones quiza para hacerlo aceptable al pensamiento humano, los teologos han recurrido a diversos argumentos y a diversas comparaciones derivadas del mundo inanimado, y especialmente de la naturaleza humana. Como no hallamos ninguna argumentacion de este genero en la Biblia, no corresponde una discusion de este tema a un diccionario biblico. Sin embargo, los que deseen estudiar a fondo esta cuestion hallaran un valioso tratamiento de la misma en la obra de L. S. Chafer, «Teologia Sistematica», tomo I, PP. 294- 313, y en la obra de F. Lacueva, «Un Dios en tres Personas» (PP. 125-166). (Vease tambien TRINIDAD).

(d) Los atributos de Dios.
A la pregunta ¿quien es Dios? hemos tratado de dar respuesta con la Biblia en la mano: Es Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espiritu Santo. Tenemos que abordar ahora la cuestion que no puede venir mas que en segundo lugar: ¿Como es Dios? Aqui es que deberemos mencionar lo que se denominan los atributos de Dios, esto es, los caracteres por los que se distingue de Sus criaturas. La Biblia no da una lista de Sus atributos como tal, sino que los muestra en actividad, de una manera concreta, en la historia de la revelacion. De pasada se puede constatar que se aplican indiferentemente a las tres Personas divinas.
(A) Dios es eterno.
Esto no significa solo que Dios haya existido siempre, y que siempre existira (Sal. 90:2; Jn. 1:1; He. 9:14). Quiere decir ademas que nuestras nociones del tiempo no le son aplicables (2 P. 3:8). Por otra parte, no debieramos por ello llegar a la conclusion de que el tiempo sea algo irreal o

carente de importancia. Nuestros tiempos estan en Sus manos, y es a traves del curso de los años que el manifiesta Su obra (Sal. 31:16; Hab. 3:2). Dios permanece invariable (Sal. 102:28; He. 13:8); pero la creacion y la redencion consumadas en el tiempo dan un resultado que cuenta para la eternidad.
(B) Dios es omnisciente.
(Sal. 139:2-4; Jn. 16:30; 1 Co. 2:10). En virtud de Su eternidad, conoce el porvenir lo mismo que el pasado (Sal. 139:16). No se trata aqui de un mero conocimiento teorico, como si Dios fuera el espectador pasivo de lo que acontece. Cuando leemos, p. ej., que Dios conoce el camino de los justos (Sal. 1:6; 1 Co. 8:3), ello implica que viene a tener conocimiento de Su criatura, y que la admite a Su comunion. Cuando se afirma que el contempla los hechos culpables de los pecadores (Is. 59:15, 16; Lm. 3:36), ello implica que intervendra para castigarlos.
(C) Dios es omnipresente.
(Sal. 139:7-10; Mt. 18:20; 28:20), pero no en un sentido panteista, como si no pudiera distinguirse de Su creacion. Por una parte, Dios no se halla limitado a Su universo. Los cielos y los cielos de los cielos no pueden contenerle (1 R. 8:27). Por otra parte, Sus criaturas no constituyen parte de la divinidad, sino seres distintos que Dios ha creado ante el. La omnipresencia del Creador hace que no podamos jamas hallarnos lejos de el (Hch. 17:28). Personas extraviadas han llegado a creer que a semejanza de las divinidades paganas, Dios ejercia Su jurisdiccion sobre un territorio limitado (Jer. 23:23; Jon. 1:3). Pero la historia de Jonas muestra precisamente lo real que es la omnipresencia de Dios.
(D) Dios es todopoderoso.
(Mt. 19:26; 28:18; Ap. 1:8). Su omnipotencia no es solo algo virtual, sino que es eficaz (Sal. 115:3). No debemos llegar a la conclusion de que todo lo que sucede resulta directamente de su accion. el deja a sus criaturas una responsabilidad real. No es en absoluto el autor del pecado (Hab. 1:13; Stg. 1:13), por bien que sea el hacedor del infortunio (Am. 3:6). En Su soberania, controla el poder de los malvados y del mismo diablo (Jb. 1-
2) y puede tambien sacar bien del mal (Gn. 50:20). Este hecho aparece particularmente en la cruz, que representa el crimen humano por excelencia, asi como la obra maestra de Satanas, y que al mismo tiempo constituye el cumplimiento de la parte fundamental del plan de Dios (Hch. 2:23; 4:27, 28).
(E) Dios es espiritu.

(Jn. 4:24). Esto no le impide manifestarse bajo una forma visible o sensible (teofanias: Gn. 18:1, 2; ex. 3:2; Jue. 6:11, 12; 1 R. 19:12; Is. 6:1). Pero la
misma diversidad de las formas bajo las que aparecio nos revela que ninguna de ellas es esencial. En el Sinai, los israelitas no vieron ninguna figura (Dt. 4:15). De la misma manera sucede con las expresiones antropomorficas que hallamos especialmente en las primeras paginas de la Biblia y en los libros poeticos, que deben tomarse como lo que son: figuras de lenguaje que se acomodan a nuestro vocabulario, y que nos ayudan a comprender de manera mas exacta como es Dios. Mediante la Encarnacion, Dios nos dio en Su Hijo una imagen a la vez perfecta y concreta de Si mismo (Jn. 1:14, 18; Col. 1:16).
(F) y (G) Dios es misericordioso y justo.
(Sal. 33:4, 5; 103:6-8; 145:17; He. 2:17; 1 Jn. 2:1).
Estos dos atributos son mencionados juntos en muchas ocasiones en las Escrituras, y no sin razon, ya que se complementan el uno al otro. Sin misericordia, la justicia seria implacable, y todos los hombres estarian perdidos; sin justicia, la misericordia seria una indulgencia culpable hacia el pecado, y el universo se hundiria en la anarquia. En Su misericordia, Dios ha tenido compasion del pecador, pero en Su justicia solamente le salva quitando de sobre el sus pecados. La importancia de estos dos atributos aparece de manera particular en el texto de ex. 34:4, 6, donde Dios mismo los menciona, al proclamar como el es. Hallan su expresion suprema en la cruz. El Señor quiere comunicarlos a aquellos que son Suyos(Lc. 6:36; 1 Jn. 3:7).
(H) Dios es santo.
(Jn. 17:11; Hch. 4:27; Jn. 14:26). Los textos que declaran esta realidad del ser de Dios son tan numerosos que seria prolijo enumerarlos todos. El termino «santo» significa «separado», «puesto aparte». Dios se distingue radicalmente de los hombres pecadores. En el AT, la santidad de Dios se hacia patente en la distancia que mantenia entre Si y los hombres. Solo los sacerdotes podian ofrecer los sacrificios. El lugar santisimo era accesible solamente al sumo sacerdote, una vez al año (Lv. 16:2). Las victimas debian ser intachables (Lv. 22:20; Mal. 1:13, 14). Estaba prohibido mirar el arca, y con mayor razon tocarla (1 S. 6:19; 2 S. 6:6, 7). No se puede ver el rostro del Señor, y seguir vivo (ex. 33:20). Esta santidad exterior debe ser ilustracion de la santidad moral de Dios, Su horror hacia el pecado y Su perfeccion en el bien. Exige la santidad de los adoradores (Lv. 19:2). En el NT, la santidad de Dios se manifiesta por la santidad perfecta del Señor

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Se rendia una veneracion muy particular al
«nombre de Dios» en Israel (ex. 20:7; Dt. 5:11). Ello se debe a que este nombre, objeto del mayor de los respetos por parte de todos los creyentes, era para los israelitas como la misma persona del Señor. En ex. 23:20, se dice del angel que manifestaba Su presencia que el nombre de Jehova estaba en el, lo que significa que Dios estaba en el. En Dt. 12:11 leemos que en el pais de Canaan Dios se reservara un lugar donde morara Su nombre. En otros pasajes, el nombre de Dios viene a ser sinonimo de Su presencia, p. ej., Sal. 20:2:
«Jehova te oiga en el dia de la angustia; el nombre del Dios de Jacob te defienda.»
Asi se explica el hecho de que entre los principales pecados condenados en el Decalogo figure aquel que consiste en «tomar el nombre de Dios en vano». Esta veneracion del nombre inefable de Dios (Jehova) llega entre los judios hasta extremos rayanos en la supersticion. Se llego a ni osar pronunciar este nombre, y a prohibir su utilizacion, e incluso a castigar con la muerte a los mismos rabinos que, por error, lo llegaban a pronunciar publicamente. Se excluyo la lectura del nombre, ya que no el nombre mismo, del texto sagrado. Sobre las cuatro consonantes del nombre,

o tetragramaton, se colocaron vocales (las del vocablo «Adonai», Señor), de manera que en todas las ocasiones que al leer la Tora se hallaba el nombre de Jehova, se pronunciaba «Adonai».
En el NT se halla el nombre empleado en el sentido particular que se ha estado señalando. Es evidente que «creer en el nombre» de Jesus (1 Jn. 5:13) es creer en Jesus mismo. El pedir a Dios que Su nombre «sea santificado» es orar para que se reconozca y respete la santidad del mismo Dios (cp. el lugar que toma el «nombre» en Hechos 3:16; 4:10, 12, 17, 30; 5:28, 40; 8:12, 16; 9:15-16,
28; 10:43; 19:17; 21:13; 26:9).
Los nombres dados a Dios en la Biblia dicen como es Dios. Y lo dicen indudablemente mucho mejor que todos los comentarios que puedan hacerse de Su persona.

(a) ELOHIM.
Elohim es ciertamente una de las designaciones mas antiguas del Dios de la Revelacion. Se halla en los relatos biblicos de la creacion y de la epoca patriarcal. Solo la Biblia conoce este termino. Es cierto que tenia un origen semitico: en las lenguas cananea y caldea Dios se llamaba El. Indudablemente, se habia preservado el antiguo nombre de Dios dado en la revelacion original, conocida por Noe, pero que quedo posteriormente rodeado de conceptos paganos. Asi, Abraham y sus descendientes retomaron el nombre de El en su sentido originario, desvinculado de connotaciones paganas, para designar a Dios. En Israel, este nombre asume un caracter mas particular, viniendo a ser el nombre propio del Dios unico e incomparable. Es asi que se acompaña siempre con un adjetivo que destaca un aspecto una virtud del mismo Dios El Shaddai (Dios Todopoderoso Gn. 17:1), El Elion (Dios Altisimo Gn. 14:18), El Olam (Dios eterno Gn. 21:33), El Ganna (Dios celoso ex. 20:5), El Hai (Dios viviente Jos. 3:10). De todas maneras se usa preferentemente la forma plural Elohim. Ciertos criticos han sostenido que al ser Elohim un plural ello constituye prueba del politeismo de los antiguos hebreos. Sin embargo, la prueba de que esto es una falsa acusacion la tenemos en los adjetivos que acompañan al termino Elohim de la Biblia, y que se hallan siempre en forma singular. Asi, en Gn. 1:1 se dice, no que Elohim (los dioses) crearon, sino: Elohim creo (bora). En realidad la forma plural de Dios en la Biblia evoca un sentimiento de reverencia. Es un plural mayestatico, el nombre que sintetiza todas las perfecciones divinas. Al mismo tiempo, insinua la presencia de una pluralidad de personas en el seno

de la deidad. Cp. igualmente los consejos en el seno de Dios: «Hagamos al hombre…» (Gn. 1:26) y «He aqui el hombre es como uno de nosotros» (Gn. 3:22).
Elohim se deriva de una raiz que significa «ser fuerte, poderoso». Este nombre del Dios poderoso conviene particularmente al Creador de Genesis 1, donde se emplea constantemente. Aparece 2.312 veces en el AT.

(b) JEHOVa.
este es el nombre mas empleado en el AT (6.499 veces). En castellano se transcribe en esta forma. No se trata de un sustantivo, sino de un calificativo que, en hebreo, se presenta en forma de un tetragrama: YHVH. este es el nombre inefable, que los judios no tenian derecho alguno a pronunciar, y que debian sustituir en la lectura del texto sagrado por Señor (mi Señor, Adonai). Es por esta lectura que los masoretas tuvieron la idea de añadir a las cuatro consonantes YHVH las vocales que pertenecian al sustantivo Señor (Adonai). El lector judio, asi, no se equivocaba; sabia que tenia alli dos nombres en uno, uno todo en vocales, el otro todo en consonantes. Mas tarde, los cristianos transcribieron erroneamente como
«Jehova», dando asi en una sola palabra las dos juntas. La verdadera transcripcion debiera darse como YªHV’H, o Yahveh. YHVH significa
«Aquel que es». En este nombre encontramos a la vez la afirmacion metafisica del Ser eternamente presente (Yo soy), que esta en el origen y al final de toda existencia, Dios unico, incomparable, sin limitaciones, y la afirmacion moral y espiritual de la fidelidad divina. Yahveh, este es el Dios que se relaciona con el hombre, y que le quiere dar Su propia vida (la raiz de Yahveh es a la vez ser y vivir). La inmortalidad, la verdad y la fidelidad quedan reunidas en Yahveh. Si «Elohim» destaca un atributo de Dios, el poder, «Yahveh» revela con mayor fuerza Su propia esencia. El uso de este ultimo nombre muestra que se relaciona con el Dios de la redencion y del pacto que se revela al hombre para salvarle. Es Elohim, el Creador, quien dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen» (Gn. 1:26); pero es como Yahveh-Elohim que entra en relacion con el hombre a partir de que este toma su lugar en la escena, advirtiendole, juzgandole, prometiendole salvacion, revistiendole de pieles de animales sacrificados (Gn. 2:7, 16; 3:9, 15, 21). Otras expresiones compuestas con el mismo nombre completan esta revelacion de la providencia y de la salvacion divinas:
(A) «Yahveh-Jireh», Jehova proveera (Gn. 22:13- 14);

(B) «Yahveh-Rafah», Jehova que te sana (ex. 15:26);
(C) «Yahveh-Nissi», Jehova mi bandera (ex. 17:15);
(D) «Yahveh-Shalom», Jehova Paz (Jue. 6:24);
(E) «Yahveh-Raah», Jehova mi Pastor (Sal. 23:1);
(F) «Yahveh-Tsidkenu», Jehova nuestra justicia (Jer. 23:6).
En verdad, Jehova, el Dios salvador, responde a todas las necesidades de nuestro ser.
La teologia critica ha pretendido que el empleo de los dos nombres Elohim y Yahveh denota en el texto biblico dos autores diferentes, el Elohista y el Yahvista (sin hablar de otras «fuentes» constantemente puestas al dia; vease PENTATEUCO), que hubieran escrito mucho tiempo despues de Moises, y con mucho tiempo entre si. Pero el argumento basado sobre los nombres divinos no demuestra nada en absoluto: Solo en Genesis, Elohim aparece 164 veces, y Yahveh 146 veces. ¿Acaso se puede recortar el texto en otros tantos fragmentos? ¿Y que se va a hacer del nombre Yahveh-Elohim (Jehova Dios), que aparece desde el capitulo 2? ¿Se va a decir tambien que los otros nombres (Adonai, etc.) revelan cada uno de ellos a un nuevo autor, distinto de los otros? Segun los criticos, el nombre de Jehova no hubiera sido revelado mas que a partir de Moises ante la zarza ardiente, puesto que Dios le afirma: «Asi diras a los hijos de Israel: El YO SOY me ha enviado a vosotros» (Yo soy,
«Eheieh», esta es la transcripcion de la 1ª persona de Yahveh; «el» es, tal es el sentido verdadero de Su Persona). El Señor añade, al enviar a Moises:
«Y apareci a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVa no me di a conocer a ellos» (ex. 3:15; 6:3). ¿Que significa esta declaracion, frente a todo lo que hemos afirmado acerca de la presencia de Jehova en todas las paginas del Genesis? Una explicacion que se ajusta a la mentalidad oriental acerca de la naturaleza de los hombres es como sigue: El exodo es por excelencia el libro del pacto y de la redencion. Dios se revela en el exodo como nunca lo habia hecho a los patriarcas, y ello no solamente a Su pueblo, sino tambien a los egipcios y a Faraon. El rey exclamo: «¿Quien es Jehova?… Yo no conozco a Jehova» (ex. 5:2), y la respuesta del Señor vuelve como un proverbio: y
vosotros sabreis que yo soy Jehova» (Ez. 6:7; 7:5, 17, etc., cp. Ezequiel, donde esta expresion aparece mas de 50 veces, p. ej., Ez. 5:13; 6:14, etc.). Asi, conocer a Jehova es reconocer Su naturaleza, Su caracter, Su soberania, Su obra en juicio y salvacion.

(c) JEHOVa DE LOS EJeRCITOS.
Jehova de los ejercitos. Expresion frecuentemente empleada en el AT (Is. 54:5; Os. 12:6, etc.), mas particularmente en los libros preexilicos (Samuel, Reyes, Salmos, Isaias, Amos). Este nombre compuesto viene a ser sinonimo de Creador todopoderoso, de dominador supremo, de Dueño de todo el cosmos.

(d) ADONAI.
Adonai, Señor, Dueño. Este nombre fue tambien aplicado ya desde el principio al Dios de Israel (Gn. 15:2, 8; 18:3, 27, 30; ex. 23:17; 34:23); se
utiliza 427 veces en el AT, expresando la soberania de Dios, y por ello el sentimiento de dependencia de la creacion, la nocion de que el hombre esta al servicio de su Creador, a quien pertenece, y a quien debe su existencia como el vasallo a su soberano. (Notemos que el termino
«adonai» se emplea tambien para un hombre; p. ej., Abraham es el «Señor» de Sara y de su siervo (Gn. 18:12; 24:9, 10, 12). Moises, amedrentado ante el servicio al que ha sido llamado, emplea el nombre divino apropiado al decir: «¡Ay, Señor [Adonai]!, nunca he sido hombre de facil palabra.
. . » Y es Jehova [Yahveh] quien le promete Su presencia y ayuda eficaz (ex. 4:10-17). El termino Señor («Kurios») en el NT es el equivalente de
«Adonai».

(e) EL SANTO DE ISRAEL.
El Santo de Israel. En el libro de Isaias, Dios es frecuentemente llamado el Santo de Israel, o solamente el Santo, para denotar el Dios de Israel, o el Verdadero Dios (Is. 1:4; 5:19, 24; 6; 40:25, etc.). En Ezequiel, Dios se hace conocer como Jehova, como el Dios poderoso y verdadero, al manifestar Su santidad (Ez. 20:41 ss; 28:22; 36:2 etc. Es preciso señalar que Dios jura por Su santidad, como jura por Si mismo (Am. 4:2; Sal. 89:36; Gn. 22:16; ex. 32:13; Jer. 22:5; Is. 45:23).
La santidad parece ser sinonima con la divinidad. La lectura de un libro como Levitico deja al lector convencido de ello. La santidad, considerada en Dios, no resulta ser tanto uno de Sus atributos como Su mismo caracter. A traves del AT, los textos en los que se trata la santidad divina expresan a la vez Su inefable pureza, Su horror al mal, su aborrecimiento contra el pecado, al igual que Su gloria, majestad, elevacion y Su grandeza supremas. La santidad de Dios esta en estrecha relacion con Sus celos, Su ira y Su venganza. Su naturaleza celosa (ex. 20:15) no es nada mas que Su santidad en accion (Oehler). En Ez. 38:18, 23

leemos que en Sus celos e ira Jehova ejercera Sus juicios sobre Israel y que asi el se glorificara y santificara. La venganza de Dios es una consecuencia de Sus celos y de Su ira (Nah. 1:2; Ez. 25:14, 17). Los celos, la ira, y la venganza estallan cada vez que la voluntad de Dios se enfrenta a la oposicion de los hombres, cada vez que es menospreciada y desobedecida.
Al revelarse como santo, Dios intimaba a Israel que ellos debian ser tambien santos (Lv. 11:44; 19:2; 20:7, 27; cp. 1 P. 1:16). Esta orden queda, como vemos en la cita de 1 Pedro, reafirmada para los creyentes del Nuevo Pacto.

(f) PADRE.
El NT nos dice que Dios es luz, y que es amor (1 Jn. 1:5; 4:8), pero aqui se trata de Su naturaleza y atributos y no de nombres divinos. La revelacion mas sublime le da el titulo que resume para el creyente todos los demas titulos y atributos: el de
«Padre». El contenido y sentido de este nombre nos ha sido revelado claramente por Jesucristo, por Si mismo, por la parabola del hijo prodigo (Lc. 15), el Padrenuestro (Lc. 11); por Su oracion sacerdotal (Jn. 17). Y esta revelacion nos la ha dado en Su calidad de «Hijo», y con el don total que consumo en el Calvario, donde Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo (2 Co. 5:19).
Pero Jehova estaba ya considerado como «Padre» en un sentido nacional, e invocado como tal, desde el mismo AT. Recordemos las incomparables estrofas del profeta Isaias: «Pues tu eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos reconoce; tu, oh Jehova, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre…» (Is. 63:16; 64:7). Sin embargo, hay mas que la idea del Dios que da la existencia a la nacion, que la nutre, la protege, y la salva en su territorio (Os. 11:1). Al releer los pasajes en los que los escritores sagrados hablan de las relaciones entre Dios y el hombre, de la indignidad de los pecadores al titulo de hijos de Dios (Is. 1:2; 30:1-9; Sal. 73:15); y los que atribuyen a Dios el titulo de «Salvador» (Sal. 106:21; Is. 43:3, 11; 49:26; 60:16; 63:8; Jer. 14:8;
Sof. 3:17, etc.). La paternidad divina se revela tambien en esta nocion del Dios-Salvador, que da por segunda vez la vida a Sus hijos.
Asi, a traves de los nombres de Dios, constatamos que la revelacion biblica se mantiene de una manera coherente consigo misma desde sus origenes, y que a traves de las diversas formas de Su Nombre se expresan a la vez el caracter, la identidad, la voluntad, y los actos de Dios.