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PIEDRA

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PIEDRA

El suelo rocoso de Palestina exigía frecuentemente sacar las piedras de los campos antes de poderlos cultivar (Is. 5:2). En la guerra se destruían los campos y pozos de los enemigos echando piedras en ellos (2 R. 3:19, 25).
Usos diversos de las piedras:
(A) Construcción:
en diques, muelles (Guerras 1:21, 6);
fortificaciones (1 R. 15:22; Neh. 4:3);
casas (Lv. 14:45; Am. 5:11);
palacios (1 R. 7:1, 9);
fortalezas, templos (1 R. 6:7);
enlosados de patios, columnas (Est. 1:6).
Bajo Herodes, y también en otras épocas, se pavimentaban las calles.
De piedra se hacían los acueductos, depósitos, puentes, paredes de protección para los viñedos (Pr. 24:30, 31).
Las piedras de los altares (Éx. 20:25), de los muros y de los majanos conmemorativos no debían ser talladas (Gn. 31:46).
Montones de piedras brutas eran las tumbas de las personas votadas al anatema (Jos. 7:26; 8:29; 2 S. 18:17). Esta forma de sepultura sigue siendo costumbre en Siria y Arabia, incluso si no se trata de criminales.
Ciertos edificios precisaban de piedras serradas, talladas (1 P. 7:9-11), en ocasiones de gran tamaño; éste era el caso para la construcción de los muros del Templo (1 P. 7:10) y para el muelle de Cesarea, construido por Herodes (Guerras 1:21, 6).
(B) Bloques aislados.
Utilizados para tapar las cisternas, pozos, la entrada de las tumbas (Gn. 29:2; Mt. 27:60; Jn. 11:38), como mojones para las lindes de campos (Dt. 19:14) y, probablemente, a guisa de indicadores (Jer. 31:21).
En la época romana se hallaban piedras militares a lo largo de las principales vías de comunicación; las había entre Tiro y Sidón, entre Pella y Gerasa; algunas de ellas siguen estando en su sitio. Se levantaban piedras para recordar a ciertas personas

o acontecimientos (Gn. 31:45; 35:14, 20; 2 S. 18:18). Se inscribían anales en ciertos de estos monumentos (véase MESA [ESTELA DE)).
Con piedras se hacían ídolos (Lv. 26:1; Dt. 29:17;
2 R. 19:18; cfr. Is. 57:6). Ciertas piedras, casi siempre aerolitos, vinieron a ser sagradas para los paganos. En gr. recibían el nombre de «baituloi» y
«baitulia». Se pretendía que se podían mover, hablar, y proteger a los hombres del mal. Su nombre gr., muy probablemente de origen semita, está emparentado con el término «beth’êl» e indica, posiblemente, que se consideraba que la piedra era la morada de un poder sobrenatural, espíritu o divinidad. Los semitas empleaban este término para designar las rudimentarias estelas erigidas allí donde se celebraba un culto (Dt. 12:3). (Véase LUGARES ALTOS.)
Los israelitas erigían, en ocasiones, una piedra conmemorativa en el lugar en que Dios se les había revelado (Gn. 28:18-22; 35:14; 1 S. 7:12; Is. 19:9), y le daban un nombre religioso a este lugar (Gn. 28:19; 35:7), o incluso a la piedra (1 S. 7:12). De la misma manera, daban en ocasiones a un altar uno de los nombres de Dios (Gn. 33:20; Éx. 17:15; cfr. Gn. 35:7). Sin embargo, los mismos pasajes muestran que no atribuían poder alguno ni a la piedra ni al altar, Constituían un simple recuerdo religioso; la adoración que ellos rendían a Dios era totalmente independiente de ello (Gn. 31:54; 35:1, 7; 1 S. 7:9).
(C) Piedras para diversos usos:
proyectiles de hondas y de catapultas (Jue. 20:16; 1 S. 17:40; 2 Cr. 26:15; Sab. 5:22; 1 Mac. 6:51);
piedras que se tiraban en caso de lapidación.
Se conseguían chispas a base de golpear piedras de pedernal, para encender fuego (2 Mac. 10:3).
Unas piedras conformadas adecuadamente servían de cuchillos (Jos. 5:2).
Los pesos se hacían frecuentemente de piedras talladas (Dt. 25:13). (Véase PESAS Y MEDIDAS.)
Las tablas de piedra, inscritas, se usaban a guisa de documentos (Éx. 24:12).
Se guardaba agua en vasos de piedra (Éx. 7:19; Jn. 2:6).
Los animales destinados a los holocaustos eran degollados sobre mesas de piedra (Ez. 40:42).
Para moler grano y reducirlo a harina, se hacía girar una piedra redonda de alrededor de 15 kg. de peso; también se molía el grano en medio de dos piedras superpuestas que servían de muelas (Dt. 24:6).
La piedra, símbolo de dureza, de insensibilidad (1
S. 25:37; Ez. 36:26), representa asimismo la fuerza moral (Jb. 6:12; 42:15). Los discípulos de

Cristo son comparados con piedras vivas que forman un templo espiritual, del que Cristo es la piedra angular (Ef. 2:20-22; 1 P. 2:4-8).