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PRIMOGENITURA

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PRIMOGENITURA

El derecho de primogenitura era considerado como propiedad exclusiva del primer nacido de una familia. Por lo general, el primogénito heredaba el rango, la situación y las prerrogativas de su padre; venía a ser jefe de la familia o de la tribu; heredaba asimismo una porción doble de los bienes paternos, derecho garantizado al hijo primogénito, incluso si había una segunda esposa preferida a la madre del primogénito (Dt. 21:17; cfr. 2 R. 2:9). El derecho de primogenitura podía ser vendido a un hermano menor, como lo hizo Esaú a Jacob (Gn. 25:29, 34; He. 12:1; en el artículo NUZU se puede constatar el registro de un caso semejante). La primogenitura se podía también perder por una mala conducta (1 Cr. 5:1). El título de Primogénito es dado al Señor Jesucristo en varios sentidos:
(a) En su lugar en su familia terrena, como primogénito de María (Mt. 1:25; Lc. 2:7).
(b) El primogénito de toda creación (Col. 1:15). Aquí tiene el sentido de la preeminencia y dignidad, de derecho, que recibía el primogénito de parte de su padre. No es por lo tanto una identificación con la Creación, como si Él fuera la parte más preeminente de ella, sino que es presentado como primogénito sobre la creación, cabeza de ella. Así, este título denota Su posición y carácter, no Su origen. Es por ello que se menciona este carácter de primogenitura sobre toda la creación en relación con el hecho de que Él es la imagen del Dios invisible (véase PLENITUD).
(c) Él es el primogénito de entre los muertos (Col. 1:18; Ap. 1:5).
(d) Además de ser cabeza de la creación, pues
«todo fue creado por medio de él y para él» (Col. 1:16; cfr. v. 17),
(e) es también la cabeza de toda la nueva creación (véase CREACIÓN [LA NUEVA]) más allá de la muerte, sobre el terreno de resurrección.
Un ejemplo de que el título de primogénito es de dignidad y autoridad se ve en el Sal. 89:27, donde Salomón, décimo hijo de David (1 Cr. 3), recibe junto con el título de «primogénito» el derecho al trono de su padre. Y el Hijo eterno, al venir a ser hombre, recibe, tras Su obra de Redención y posterior exaltación, este puesto de preeminencia adicional a Su eterna dignidad: el de «Primogénito de los muertos», que se corresponde con el de
«Primicia de los que durmieron» (1 Co. 15:20, 23), si bien el primer título tiene más que ver con Su dignidad y el segundo con Su prioridad en el tiempo y Su carácter de precursor en poder. Así, el título de Primogénito denota que Él es Señor

Soberano sobre todas las esferas, temporales y eternas.