Job

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Libro de Job. Si Moisés fue el autor, la fecha sería alrededor del 1440 a.C. Si su autor fue Salomón, la fecha sería alrededor de 950 a.C. Como no conocemos al autor, tampoco podemos saber la fecha de su escritura.

 

CAPITULOS BIBLICOS DEL LIBRO DE JOB

 

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¿Quien fue Job?

Propósito de la Escritura: El Libro de Job nos ayuda a entender lo siguiente: Satanás no puede traer sobre nosotros la destrucción financiera y física, a menos que sea bajo el permiso de Dios. Dios tiene el poder sobre lo que Satanás puede y no puede hacer. Está más allá de nuestra humana habilidad para entender el “¿por qué? detrás de todo el sufrimiento en el mundo. Los impíos recibirán su justo pago. No siempre podemos culpar por nuestro sufrimiento al pecado y nuestro estilo de vida. El sufrimiento puede ser permitido a veces en nuestras vidas con el fin de purificarlas, probarlas, o enseñar o fortalecer el alma. Dios sigue siendo suficiente, y pide y merece nuestro amor y alabanza en todas las circunstancias de la vida.

Por su excepcional valor poético y humano, el libro de JOB ocupa un lugar destacado, no sólo dentro de la Biblia, sino también entre las obras maestras de la literatura universal. Su autor estaba perfectamente familiarizado con la tradición sapiencial de Israel y del Antiguo Oriente. Conocía a fondo los oráculos de los grandes profetas –especialmente las “Confesiones” de Jeremías y algunos escritos de Ezequiel– y había orado con los Salmos que se cantaban en el Templo de Jerusalén. Los viajes acrecentaron su experiencia, y es probable que haya vivido algún tiempo en Egipto. Sobre todo, él sintió en carne propia el eterno problema del mal, que se plantea en toda su agudeza cuando el justo padece, mientras el impío goza de prosperidad.

Esta obra fue escrita a comienzos del siglo V a. C., y para componerla, el autor tomó como base un antiguo relato del folclore palestino, que narraba los terribles padecimientos de un hombre justo, cuya fidelidad a Dios en medio de la prueba le mereció una extraordinaria recompensa. Esta leyenda popular constituye el prólogo y el epílogo del Libro. Al situar a su personaje en un país lejano, fuera de las fronteras de Israel, el autor sugiere que el drama de Job afecta a todos los hombres por igual.

No se puede comprender el libro de Job sin tener en cuenta la enseñanza tradicional de los “sabios” israelitas acerca de la retribución divina. Según esa enseñanza, las buenas y las malas acciones de los hombres recibían necesariamente en este mundo el premio o el castigo merecidos. Esta era una consecuencia lógica de la fe en la justicia de Dios, cuando aún no se tenía noción de una retribución más allá de la muerte. Sin embargo, llegó el momento en que esta doctrina comenzó a hacerse insostenible, ya que bastaba abrir los ojos a la realidad para ver que la justicia y la felicidad no van siempre juntas en la vida presente. Y si no todos los sufrimientos son consecuencia del pecado, ¿cómo se explican?

Pero el autor no se contenta con poner en tela de juicio la doctrina tradicional de la retribución. Al reflexionar sobre las tribulaciones de Job –un justo que padece sin motivo aparente– él critica la sabiduría de los antiguos “sabios” y la reduce a sus justos límites. Aquella sabiduría aspiraba a comprenderlo todo: el bien y el mal, la felicidad y la desgracia, la vida y la muerte. Esta aspiración era sin duda legítima, pero tendía a perder de vista la soberanía, la libertad y el insondable misterio de Dios. En el reproche que hace el Señor a los amigos de Job, se rechaza implícitamente toda sabiduría que se erige en norma absoluta y pretende encerrar a Dios en las categorías de la justicia humana.